Un pedazo de la memoria de la comunicación comunitaria en Venezuela

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Asamblea de Canal Z

(Por Kenia Useche – Canal Z)

La comunicación en Venezuela tiene su propia historia, pero ¿hacia qué vértices pretende enrumbarse? Los últimos 20 años, como toda realidad rica en cambios, marcó un antes y un después cuando sucede el golpe de Estado en abril de 2002. Hubo un quiebre entre la máscara de la pantalla y la realidad que resultaron estar divorciadas, dos caminos distintos, lo que permitió que surgieran nuevas experiencias comunicacionales. Éstas han emprendido un papel que en si misma son testimonio del proceso de la transformación social venezolana, pero éstas son apenas escenas de una secuencia de una película que aún no tiene final y como toda realidad nos exige hoy mirar hacia dónde creemos que vamos.

Como militante de un proyecto comunicacional, de los más de 400 que se desarrollaron en todo el país a partir de esos hechos de 2002, siendo muy joven en ese entonces, lo que motivó y despertó mi entrega a conocer cómo podía mi realidad conectarse con otras y a su vez ser registrada como parte de la historia que se escribe cada día, durante toda la vida, me llevó a la indetenible forma de mirar con mil preguntas, y comenzó a generarse en mí la necesidad de seguir buscando en cada palabra o mirada, acción o gesto, lo que estaba detrás y que de seguro una historia nueva se podía contar.

Si bien es cierto que se rompió el mito del maquillaje, la estética, la belleza o la identidad, una aceptación de lo cotidiano se volvió tan reconfortante que el espejito que ahora otro imperio, (antes el español, ahora el del mercado) sigue usando para encantarnos, no menos cierto es que un pueblo joven en civilización mantiene casi intacta su esencia humana y vierte toda esa naturaleza encarnada en el hacer, en su capacidad de responder, de una forma propositiva ante la adversidad de este siglo que le amenaza.

En la actualidad, es muy difícil diferenciar o desvincular el concepto de humanidad del concepto de comunicación. Se trata de un derecho humano en plena disputa y que hay que seguir defendiendo. Pero también es necesario entender que las medios masivos, en tanto que “amos de la verdad” en Venezuela, tienen otras cosas a las que deben enfrentarse, pues en cada pedacito de esta tierra, un hombre o una mujer, o un grupo tomaron las riendas de su propia historia y se han dado a la tarea de rescatar sus vivencias, sus colores y pensamientos, aquellos que las normas de “marketing” ignoran, y cuyos decálogos de la banalidad tratan de imponer al entendimiento del común.

Mucho nos falta por aprender sobre el manejo de las herramientas, pero a pesar de ello, hoy sabemos más que nunca sobre construcción y defensa de nuestras propias ideas y de cómo éstas pueden ser entendidas por las demás personas. Los instrumentos de difusión son variados y para algunos fáciles de usar, pero hoy contamos con doscientos años de experiencia adelantada. En este caminar le perdimos miedo a tomar un micrófono, a salir en un video o en una fotografía, cosa que para las nuevas generaciones terminan siendo tan comunes (hasta cierto nivel, claro está), pero natural de la empedernida juventud que ya opina sin aún tener los elementos que la experiencia aporta a la razón. Por ello, sigue siendo una tarea permanente la indiscutible comprensión de la comunicación como necesidad humana, se hace imprescindible reconectarla con el concepto de derecho humano inalienable.

Muchas experiencias de proyectos comunicacionales, cada una con su propio matiz y estilo, por encima de necesidades técnicas, de infraestructura o humanas, dieron pie a discutir, debatir y construir formas de trabajo en equipo. Poseemos un saber colectivo acumulado que hemos comenzado a sistematizar. Entonces aparecen tantas ideas potentes como la integralidad, o la disciplina, la continuidad en la creación de contenidos, la responsabilidad implícita en el registro de un suceso, de una actividad, de su difusión y de su impacto.

Pero también hemos aprendido sobre el impulso que han tomado ciertos liderazgos, personales y colectivos, desde un medio o desde un espacio, para difundir métodos acertados, estilos innovadores, e incluso cuando surgen preguntas referidas al rol de la militancia, al equilibrio entre volverse sujeto parte de la historia o instrumento de lo que se registra. Y otras preguntas que surgen sobre la relación entre relatos y soportes disponibles, ya sean en audio, fotografía o audiovisuales (sin morir en el intento de vencer la precariedad de recursos de realización). También surgen otras tareas vinculadas tales como volverse imprescindible para estar en todos lados o todas partes, el papel de la inmediatez, la veracidad compitiendo con la memoria y la identidad, la comprensión de las técnicas y de los procesos creativos, el reconocimiento a quienes asumen el impulso o la fundación del medio, cuando incluso termina vinculando a su propia familia o separándose de ella, hasta asumir que la casa se convierte en vecindad y que ya no es trabajo porque lo haces con pasión.

Otra reflexión necesaria tiene que ver con la sostenibilidad. Hacer comunicación debe asumirse como un proyecto de vida, como un trabajo para poder militar y para poder vivir. Pero en ese proceso complejo, la realidad te absorbe y las responsabilidades te apartan y te llevan a otras actividades complementarias porque no siempre resulta posible vivir de un medio comunitario. Aunque algunos lo han logrado –aparentemente-, vale preguntarse pero ¿A cambio de qué? ¿Cómo afecta la realidad social sí se puede comercializar un espacio que tiene prioridad para la voz de la organización? ¿No entran en contradicción la supervivencia y la resistencia ante lo necesario, lo urgente y lo importante?

La pasión nos puede aislar, privar de comer o incluso de valorar el trabajo que otros si lo cobran -y bien pagado por cierto-, pero cuando los intereses de quienes nos rodean se convierten en la propia identidad del medio, la reputación del proyecto puede depender tan sólo del enfoque de una denuncia, o de un secreto a voces. Entonces qué pasa cuando cuestionar una gestión te vuelve celoso de algún apoyo financiero. ¿Es que la relación con los entes gubernamentales desvía los objetivos del medio?, ¿La relación con el Estado es o no solo financiera?. ¿Los intereses del medio son los de sus militantes?, o como dice nuestro lema ¿Ventana de nuestro pueblo con su voz y su imagen?; ¿La representación del medio es del gobierno, de quienes lo impulsan o de los dos, son o no lo mismo?.

A veces resulta más fácil hablar del pasado pero sólo de lo que conviene, cuando en realidad lo que necesitamos es hacerlo con mayor profundidad. Entender las consecuencias del presente son las causas del pasado. No podemos olvidar, por ejemplo, ciertas parcialidades que siempre han existido, sólo que algunos saben disfrazarla mejor que otros. Desde un medio cualquiera puede exponer su criterio ante cualquier plataforma e incluso se pueden concretar candidaturas. Sin embargo, siguen quedando pendientes tantas preguntas todavía: ¿Qué tantos están dispuestos a responderlas?; ¿Cuántos en política son visibles en sus contradicciones?; ¿Qué tantos ya no quieren saber de los partidos?; ¿Qué tantos ya no saben cuánto cuesta un barril de petróleo?; ¿Qué tantos ahora saben y comparten sus conocimientos sobre remedios caseros?; ¿Qué tantos siguen aprendiendo cada día de quien tienen a su lado? Y en cuanto a la militancia de la comunicación popular, ¿Se puede contar con el voluntariado o solo con los que sí tienen un interés común en la comunicación para mantener el proyecto vivo?; ¿Es que la irreverencia pasó de moda o la moderación ahora es medida?; ¿Es que los gremios de profesionales de la comunicación aún tienen mucho por reivindicar?; ¿Es que una ley es pertinente o no para los medios?, ¿Quiénes la activan o le dan vida?; ¿Es que las leyes existentes no se adaptan a la nueva realidad?

Sobran comunicadores en Venezuela a quienes se les puede consultar cualquiera de estos aspectos, y de otros de los que estoy segura quedaron sin mencionar, pero igual el hoy nos exige revisar dónde debemos concentrar nuestra atención, púes enfrentamos cambios de la post pandemia que con vacuna o no, es necesario revisar con una consideración primordial, y que tiene que ver con no perder la solidaridad o la humanidad que nos caracteriza y valernos de ellas para continuar coherentes. Seguimos escribiendo la historia de este pedazo de tierra en donde las gracias parecen coincidir y de las que muchos parecen seguir ignorando. 

1 Comentario

  1. Felicito el aporte y valor del escrito, no sólo por su contenido histórico sino por el continuado proceso del seguir andando a pesar de las dificultades.

    Muchos fuimos (NINI) nobles iniciados nunca inocentes, en la Comunicación Comunitaria porque desde sus inicios en pleno proceso revolucionario ya muchos comprendiamos ciertas verdades, otros quizás aún no han espabilado modorra.

    Un amigo recordaba que existen dos tipos de POLÍTICOS en la vida, unos que Viven de la política y otros que hacen y generan Políticas. En la Comunicación u otra profesión esto es válido, sólo se requiere saber inteligentemente como sobrevivir en cada uno de los espacios.

    Pienso que en estos tiempos, cambiantes, violentos y pandémicos, es necesario no sólo una revisión cómo quien descifra un Code, sino también es necesario mirar y apuntar al futuro, avanzando con determinación y convicción precisa de la realidad actual.

    La historia es letra viva y nos alimenta pero tambien la historia es siempre una fantasía sin base científica, y cuando se pretende levantar un tinglado invulnerable y colocar sobre él una consecuencia, se corre el peligro de que un dato cambie y se venga a bajo toda la armazón.

    Mi amor, corazón y mis brazos para la siempre valiente Kenia Useche, quien nos brinda de su espíritu, pensamiento y letra mucho que reflexionar.

    Ronald Reinozo
    Humano demasiado Humano

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