Transporte, la odisea de los de a pie

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Transporte Venezuela
Transporte Venezuela

Las imágenes de la crisis del transporte recorren el país, los centros urbanos, los barrios, las rutas nacionales.
Las imágenes son parte del cotidiano, que se encuentra bajo asedio y enfrentado sus propias dificultades.
El problema, que se hizo evidentemente visible a finales del 2017, se agudizó este año. Y ahí, en medio de todo, están los de a pie, los que viven una odisea.

 

Lo que más se ve son camiones con barandas de madera y la gente montada atrás, como racimos.
También pickup, camiones de fuerzas de seguridad del Estado, hasta cavas de refrigeración: todo vehículo puede reconvertirse en transporte público por iniciativa de un privado para ganar dinero, y del Estado para intentar dar respuesta.
Las imágenes de la crisis del transporte recorren el país, los centros urbanos, los barrios, las rutas nacionales. Las imágenes son parte del cotidiano que se encuentra bajo asedio, enfrentado sus propias dificultades.
El problema, que se hizo evidentemente visible a finales del 2017, se agudizó este año. Tuvo inicios repentinos, como en el estado Vargas, donde el número de autobuses privados disminuyó, de un día para el otro, dos meses antes de las elecciones, y en otros casos fue un proceso de reducción progresiva: cada vez menos unidades de transporte y pasajes cada vez más caros.
Con el agregado de que, muchas veces, la única posibilidad de pago es en efectivo y no con tarjeta, en un momento donde la masa de billetes en circulación ha disminuido por ser objeto de extracción hacia Colombia, y de acaparamiento. Es tal el problema del dinero en efectivo, que se ha convertido en mercancía comprada vía transferencia electrónica hasta 200% por encima de su valor.
La dificultad para conseguir el dinero y el bus es, muchas veces, una odisea para los de a pie.

Sucede por varias razones. Según los transportistas privados, estructurados como cooperativas que suelen ser de un solo dueño, la causa resulta en los altos costos de los insumos, como ruedas y aceite. Aumentan los precios de manera coordinada:

-Hasta Barinas son trescientos cincuenta mil, pero nos reunimos los camioneteros y pusimos seiscientos mil. Es eso o no viajamos, qué prefieres, dijo un conductor en La Bandera, terminal de Caracas.
La semana anterior, ante el precio máximo fijado, el terminal tenía pocos autobuses. La mayoría operaba desde las inmediaciones para cobrar lo que quisiera como autobuses piratas, nombre que se le da en Venezuela. ¿La autoridad del gobierno? Es lo que muchos pasajeros se preguntan.

El alto costo de los insumos es real. Es parte de la situación de hiperinflación provocada por el ataque sobre el bolívar a través del aumento del dólar paralelo.
Cuanto más aumenta el dólar, y lo hace de manera furiosa en los momentos electorales, más impacta en los precios. Los comerciantes y transportistas, aprovechan para aumentar de manera especulativa sus precios.
El gobierno ha intentado tomar medidas ante esa situación, como la de abastecer con cauchos, aceite y demás repuestos, a precio regulado, para bajar los costos.
No ha cambiado la situación, por la dificultad para responder a la necesidad total, el aumento vertiginoso de los precios, así como porque el gremio de transportistas -la patronal- forma parte, muchas veces, del plan de sabotaje que busca asfixiar la vida diaria.
Ejemplo de eso es la desaparición repentina de unidades en determinadas rutas, o la situación que se evidenció el día de las elecciones presidenciales, con la falta de transporte para ir a votar.
Eso mismo había ocurrido en elecciones del año pasado, como la de la Asamblea Nacional Constituyente, un hecho de saboteo denunciado por la gente y por el gobierno.

El cuadro del transporte es una muestra de cotidianeidades que se han instalado en Venezuela.
Sobre esa complejidad golpean además las sanciones económicas tomadas desde los Estados Unidos, que buscan cerrar los canales de financiamiento del Estado, a través, por ejemplo, de ataques cada vez más precisos a Pdvsa, así como clausurar vías de importación mediante sanciones a empresas que comercien con Venezuela.
En el caso del transporte, como investigó Pascualina Curcio, 48% de lo necesario, incluido repuestos, es importado desde países que son parte, de manera declarada o no, de los ataques, como Estados Unidos, Brasil, Colombia y Argentina. Y el bloqueo avanza en vías de ampliarse, como lo muestra el reciente anuncio del gobierno de México, que prohibe cualquier negocio con Venezuela que haya sido autorizado por la Asamblea Nacional Constituyente.

¿Qué debería hacer el gobierno? Para muchos es necesario que ejerza poder, gobierne sobre la calle, los precios, la economía, los transportes, castigue a la corrupción interna y de privados, obligue al orden.
Esto significa una presencia institucional con capacidad hacer aplicar leyes y decretos en terminales, una mayor importación de autobuses y repuestos, aumento de la capacidad de producción/ensamblaje/arreglo nacional, tomar espacios dejados por las cooperativas, proyectar nuevas rutas.
Se han dado pasos en alguna de estas direcciones, como la importación de unidades, pero muchas, al dañarse por el uso -o por ataques con piedra y fuego por parte de la derecha como en año pasado- y sin piezas de repuesto, se encuentran estacionadas a la espera de ser puestas de nuevo en circulación.

No toda la respuesta está en manos del Estado. El chavismo, como movimiento que excede al gobierno, se ha puesto en marcha para construir respuestas articuladas a las instituciones, a los poderes políticos.
Así en Caracas, por ejemplo, existen las denominadas “mesas de movilidad”, donde participa la alcaldía, comunas, empresas de propiedad social de transporte -es decir, que están en manos de comunas-, comités de usuarios, transportistas “patriotas”, que buscan encontrar soluciones y no aumentar sus ganancias a toda costa.
Se trata de construir respuestas, desde la diversidad que es el chavismo, las potencias que se desprenden de instancias de encuentro entre la institucionalidad y la organización en los territorios.

El caso del transporte es una de las expresiones de la actual dificultad económica que atraviesa el país, una manifestación de los resultados de la estrategia de desgaste y colapso económico que busca el plan declarado por los Estados Unidos.
Han anunciado que intentarán -con impunidad mediática internacional- multiplicar estos escenarios en los diferentes ámbitos de la vida de la población, para forzar a la desesperación, afectar el tejido social, y las subjetividades enraizadas en años de chavismo.
Es también una muestra de la dificultad del gobierno, el chavismo, para encontrar soluciones que logren frenar el deterioro y estabilizar la situación.
La pregunta es hasta dónde puede lograrse mientras exista el factor dólar paralelo/ilegal que dispara, con gatillo político, la hiperinflación. Ahí está el nudo principal, de dónde se desprenden muchos otros. Mientras tanto, la odisea sigue para los de a pie.

 

Marco Teruggi

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