REDH Argentina en el caso Venezuela: Derechos Humanos vs. Democracia ¿Quién tira la primera piedra?

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(Por REDH Capítulo Argentina)

La doble vara de la política internacional y la demonización de Venezuela. Por una Argentina alineada a la construcción de una Patria Grande soberana.

La reciente votación en el seno del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas vuelve a ser escenario de la utilización de sus principios, no para reafirmarlos, sino para impedir que las democracias y países de América Latina resuelvan sus problemas sin injerencias ni imposiciones.

Al informe votado le antecedió otro que no obtuvo el apoyo suficiente, pero que contaba con el acuerdo de Bachelet y de la propia Venezuela. En él se hacía un reconocimiento a los esfuerzos de la Revolución Bolivariana por reparar las vulneraciones a los DDHH que se hubieran producido por parte de las fuerzas de seguridad de Venezuela y otros logros en términos de diálogo y disposiciones electorales.

Es que en el marco del furioso proceso de aislamiento, agresión, bloqueo e injerencismo perpetrado por el gobierno de los Estados Unidos y acompañado por los de los países de la Unión Europea y de América Latina, las autoridades venezolanas y su pueblo  -a diferencia de lo que ocurre en países como Brasil, Chile y Colombia-  han ido llevando adelante un importante trabajo de identificación, enjuiciamiento y condena de los episodios propios de vulneración de los derechos humanos y un generoso gesto de indultos a protagonistas de la violenta oposición interna, mientras proponen la apertura del diálogo con la oposición, con miembros del episcopado venezolano y con países de Europa y organizaciones políticas del mundo.

El informe -que de buena fe debió ser aceptado por su trascendencia-, y no reemplazado por el actual, reunía varias virtudes: un acuerdo de partes, cierto marco de respeto por el derecho internacional de parte de las naciones poderosas y un reconocimiento de los intentos de Venezuela -a pesar del hostigamiento-, por dialogar con las naciones a las que, ella sí, respeta en su soberanía. Los párrafos siguientes extraídos, entre otros,  forman parte del reconocimiento que el primer informe hacía sobre los esfuerzos de Venezuela por corregir y reparar las vulneraciones y los progresos en el diálogo:

“Celebrando que se hayan concedido penas alternativas a la privación de libertad a 67 personas desde septiembre de 2019, por conducto de la Comisión de la Verdad, la Justicia, la Paz y la Tranquilidad Pública, en el marco del proceso de diálogo nacional, y que se haya indultado a 110 personas, como parte de las medidas por reforzar el diálogo político, abrir el espacio democrático y mejorar la situación de los derechos humanos en el país. (…)

Celebrando la presencia reforzada de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en la República Bolivariana de Venezuela, con el acuerdo del Gobierno, y los progresos realizados mediante la cooperación técnica, en esferas como la revisión de los protocolos policiales sobre el uso de la fuerza, la determinación de los factores que contribuyen al hacinamiento en los centros de prisión preventiva, el intercambio de información sobre casos individuales y situaciones de derechos humanos, así como la cooperación técnica prestada para la elaboración de un Plan Nacional de Acción sobre Derechos Humanos y el mayor acceso de la Oficina del Alto Comisionado a los centros de detención de la República Bolivariana de Venezuela en coordinación con el Gobierno”. (…)

En otro párrafos se reconoce la importancia de la asistencia técnica y el establecimiento de mecanismos para la presentación de informes y seguimiento de las recomendaciones realizadas por los distintos grupos de trabajo, así como la expedición de invitaciones para visitas al país, y se toma nota de los progresos realizados por la República Bolivariana de Venezuela en materia de estos acuerdos.

Claro, los informes de Naciones Unidas nada dicen sobre las acciones violentas que el pueblo venezolano debió padecer durante las llamadas “guarimbas” organizadas por la oposición con la decapitación y el incendio de militantes bolivarianxs; tampoco sobre los actos terroristas, los varios intentos de invasión, de golpe de estado y de magnicidio. Pero ya se sabe, Venezuela tiene la carga de la prueba y nada es suficiente para contrarrestar el apetito de EEUU y otros por su petróleo y su inmejorable posición geopolítica.

Venezuela ha dado a conocer a través de reiterados informes y declaraciones de su Fiscal General, las condenas que su propio sistema judicial aplicó a autores de delitos de sus instituciones. Han reconocido falencias y excesos en materia de derechos humanos, como debieran hacerlo los gobiernos democráticos de buena voluntad que no siempre controlan a todas sus fuerzas de seguridad. Naciones que se jactan de grandes tradiciones democráticas exhiben a diario el escenario de la brutalidad policial. Basta nombrar a Estados Unidos, Francia o Gran Bretaña.

Ojalá todos los países de América Latina, comprometidos recientemente en graves represiones a sus pueblos – tirando a mansalva, a los ojos, a los ríos, con matanzas de líderes populares y campesinxs, incumplimientos de acuerdos de paz, la proscripción de partidos políticos y sus referentes, golpes de Estado basados en mentirosas denuncias de fraude – fueran puestos bajo la lupa del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Como se sabe América Latina es hija del colonialismo y de su brutalidad, es hija del autoritarismo y de la represión de los golpes de Estado y su crueldad. En Argentina sufrimos el terrorismo de estado que dejó 30.000 desaparecidxs, torturadxs, muertxs, niñxs apropiadxs y mujeres violadas. Las cárceles latinoamericanas hoy día en todos los países constituyen una deuda de las democracias y sus casos de gatillo fácil representan la preocupación de los pueblos y deben serlo de sus autoridades.

Por este motivo, la lucha por los Derechos Humanos no puede ser una farsa, debe ser un ideal auténtico. La transformación de la cultura de la dominación, la represión y la muerte solo podrá lograrse con la continuidad de las democracias sin rupturas, sin injerencias, con respeto por los gobiernos populares y sus esfuerzos.

Es lo que no se le está permitiendo a Venezuela, quien viene demostrando una enorme paciencia, una voluntad política gigante en relación a representar la voluntad de sus mayorías, un empeño persistente en corregir y mitigar. Es que su Revolución se asienta en la confianza en la paz interior y exterior, nunca ha pensado triunfar sobre la base de la represión, mientras con un enorme sacrificio de su pueblo, resiste el durísimo bloqueo económico, el saqueo de sus riquezas y la imperdonable obstrucción a los recursos necesarios para enfrentar la pandemia, a pesar de lo cual la enfrenta – mucho mejor que otros países con gobiernos neoliberales- con su medicina popular y preventiva.

Obstruir tan decididamente las elecciones de diciembre en Venezuela -que es el único propósito del informe del Consejo de Derechos Humanos-, solo aumenta el desprestigio de la Organización de las Naciones Unidas y los países que los apoyan, traiciona todos los principios de su cartas fundantes, sirve a propósitos de dominación por recursos estratégicos y debe ser denunciado como un obstáculo para la paz. Además, como ha sucedido en otros casos, puede ser usado para invocar la “Responsabilidad de Proteger” ante una supuesta crisis humanitaria que posibilitaría intervenciones militares.

Venezuela quiere paz y democracia, no ha invadido ni promocionado la invasión ni la injerencia sobre ningún país del mundo. Dejémosla ser y decidir sin asfixias ni aprietes de los grandes poderes interesados en obstaculizar todo tipo de proyectos soberanos en Nuestra América.

La REDH Capítulo Argentina deplora y repudia el voto de nuestro país en la ONU llevando agua al molino del belicoso grupo de Lima al servicio de los intereses de Washington, que solo quiere obstruir la democracia en Venezuela para comenzar a saquearla a su antojo. Aliarse con México y abstenerse, hubiera sido una posición que honraría nuestra mejor tradición en política exterior que tiene sus viejas raíces en la Doctrina Drago, justamente confeccionada, por una de esas vueltas de la historia, en respuesta al bloqueo naval de las potencias europeas contra la mismísima Venezuela en 1902. Le pedimos al gobierno nacional que retome esa senda.

Una vez más desde la REDH capítulo Argentina decimos SÍ a la autodeterminación de los pueblos; SÍ a los derechos humanos integrales de los pueblos y para los pueblos y NO a la injerencia externa.

Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad (REDH) Capítulo Argentina

7 de octubre de 2020

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