Papel de la izquierda tras la pandemia

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Papel de la izquierda tras la pandemia

(Por Farruco Sesto)

Lo hemos hablado cien veces, y lo seguiremos diciendo infinidad de veces más: la posición política depende de la mirada con se mira a la humanidad en su conjunto.

Porque a través de la mirada, de su intención, de su enfoque y de su amplitud, nace una determinada compresión del mundo, o nace la contraria. De acuerdo a donde se mira y a lo que se ve y se quiere ver, o no se ve porque no se quiere ver, ese animal de la polis que es el ser humano, se enfrentará a un dilema político de caracter ético. O se privilegian los intereses generales, o se privilegian los “intereses” a secas. Porque la indiferencia ante el dilema no existe, y cuando existe es sólo un reflejo de la ignorancia, que viene siendo una aceptación sumisa de la realidad existente. O sea, del poder existente.

En estos días se oye decir mucho por acá que cuando la crisis del coronavirus pase, lo más seguro es que ya no seamos los mismos. Y quienes lo dicen no se refieren, por lo que entiendo, a las consecuencias económicas de la pandemia, que se dan por descontado, sino a los resortes morales  de la sociedad en su conjunto.

Sobre la afirmación de que esto nos va a cambiar de alguna manera, no tengo ninguna duda. Porque una experiencia como ésta inevitablemente dejará sus huellas en la memoria y en el comportamiento. Pero de allí a pensar que lo esencial de la mirada cambie, es decir, que una posible nueva sensibilidad pueda alterar el punto de vista y la perspectiva, para transformarse en pensamiento político, de eso no estoy tan seguro.

¿Y por qué lo digo? Es simple. Porque las estructuras del poder siguen estando allí, con su relato, su sentido común y sus instrumentos afinados (y afilados) a través de los siglos.

No pienso yo que será una pandemia la que cambie esas estructuras dominantes que han diseñado y mantenido este mundo que vemos. Quiero decir que no creo que será un sacudimiento moral por si solo, por muy fuerte que sea, lo que va a transformar el mundo, y a establecer una nuevas relaciones humanas. 

A no ser que ese sacudimiento moral vaya acompañado de su correspondiente sacudimiento social con consecuencias políticas. Y tal debería ser el papel y el propósito de la vanguardia, es decir, de la izquierda más lúcida. Inducir, y nunca apagar, ese fuego social, esa llamarada. Que es una buena oportunidad para que se extienda en paz y en democracia auténtica. De esa manera, sí, podrían tener lugar los cambios que tanto estamos necesitando para derrotar de una vez por todas la crueldad del capitalismo en su fase neoliberal.

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