Mar de Leva – Patria sitiada

0

(Por Farruco Sesto)

El alma del sitiado es invencible, cuando se nutre de la dignidad. Y si su espíritu resiste, entonces su patria es también inexpugnable.

En nuestro caso, Venezuela. 

No cae. No caerá de ninguna manera. Y se irá haciendo cada vez más firme y más sabia en el tiempo. Está llamada a consolidarse como una referencia ejemplar. No en función de ningún destino, sino de la conciencia de su legado histórico construido con base al esfuerzo de generaciones. Conciencia que se traduce en voluntad. Porque las patrias que viven en el corazón colectivo, perviven en la continuidad de los latidos.  De manera que mientras haya un patriota, aunque sea uno solo, en resistencia combativa, el sueño construido por muchos  seguirá invicto. No habrá forma ni modo de apagar ese sueño que arde en nosotros como una llamarada. 

Y es que ese aspecto de la dignidad de los pueblos no suele tomarlo en consideración el enemigo. No entra en sus esquema imperiales.  Y saca mal las cuentas. Prevalido de una prepotencia basada en la fuerza bruta material, confía en su capacidad de doblegar al que considera más débil. Cree que la vida es una de sus películas. Considerando su esquema ideológico que divide a la humanidad en triunfadores y fracasados, piensa que suyo es el bando de los victoriosos, porque tiene más armas destructivas y grita más duro.

No sabe que la verdadera fuerza tiene que ver con la moral del combatiente. Y ella a su vez con la razón de amor que le da sentido y coherencia a la lucha. Ignora, pues, en qué consisten la verdadera fuerza y la inexcusable debilidad. Y así la historia le deja mal parado una y otra vez. O sale con el rabo entre las piernas, como en Vietnam, o queda empantanado en una absurda posición amenazante que le va carcomiendo su propia imagen, como ante Cuba. Con Venezuela no le irá mejor. O por decirlo de una manera más amplia, con Latinoamérica y el Caribe, en nuestra patria grande, no le irá mejor. Porque aquí somos hijos de Libertadores.

Así que, paradójicamente, y a contrapelo de su elevada autoestima, el hecho real es que al imperio norteamericano le toca liderar, como algo inevitable, el bando de los fracasados. Tal es lo que está escrito de seguro en su “destino manifiesto”: sobrellevar una derrota y otra derrota, haciendo siempre como si saliese vencedor. He ahí la gran mentira de un imperio que, como decía un gran poeta, no es más que un tigre de papel. 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Por favor introduzca su nombre