Mar de Leva – Meditaciones desde la base

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Por Farruco Sesto.

 

Hablo para el partido. Es decir, mi partido, el PSUV, en el que orgullosamente milito.

Son tiempos tormentosos. Es verdad. Se hace difícil ciertamente avanzar entre los rayos, los diluvios y las nieblas reinantes que cargan las señales del enemigo. Así como los signos de nuestras propias carencias y torpezas. Pero la ventaja es que en el ejercicio de una voluntad indoblegable, tenemos un rumbo marcado al que no renunciamos, y conocemos el nombre del destino al que queremos y debemos llegar.

La voluntad se la debemos al pueblo, puesto que es en su seno donde la cultivamos. Un pueblo, hay que decirlo, esplendorosamente recio.

El rumbo y el destino se lo debemos al Comandante Chávez, que los dibujó también con precisión magistral a partir de las más hondas reflexiones junto al pueblo.

Y tenemos al Presidente Nicolás Maduro, nuestro primer presidente chavista, en el puesto de mando.

¿Qué más nos falta?

Creo que es una mayor consolidación y fortalecimiento del partido, lo que nos falta. Un partido que hasta ahora lo ha venido haciendo muy bien, extraordinariamente bien, ganando mil batallas electorales, y hay que reconocérselo, pero que en la coyuntura actual, tiene que superarse a sí mismo, para convertirse de una vez por todas en la poderosa fuerza que cargue en sus espaldas la imagen del futuro y no la entregue nunca.

“El partido tiene que trascender lo electoral”, nos dijo Chávez aquel 15 de diciembre de 2006, cuando nos invitó a todas y a todos a acompañarlo en su creación.

Y unos meses después, en un evento con propulsores del partido, el 24 de marzo de 2007, añadió: “la fuerza material está en la masa, agrégale fuerza moral en el movimiento, en la organización, en la conciencia, en la estrategia, en la táctica y de todo eso debe ocuparse el Partido Socialista revolucionario, de la concepción ideológica, de la estrategia, de la táctica de la propulsión, de la orientación de la masa, de la multitud, tiene que ser un partido que se abra, que se cierre, que ataque, que se defienda y que triunfe siempre, que venza siempre, incluso diría más, tiene que ser un partido para la paz, pero si fuese necesario un ejército para la guerra, un ejército para la guerra junto a nuestros soldados, campesinos, trabajadores, capaces de irnos a la guerra para defender de cualquier agresión imperialista la sagrada patria venezolana, para defender el impulso de nuestra revolución”

El IV Congreso es una inmejorable oportunidad para reconocernos, en el pensamiento y en la acción, como esa imprescindible fuerza decisiva.

 

 

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