Mar de Leva – El arma del amor

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(Por Farruco Sesto)

¿De qué se trata, si eres de izquierda? De enfrentar la batalla política, que es enfrentar la vida y sus contradicciones en términos sociales, con el ánimo preparado por el amor. Es decir, de participar en la lucha social, inevitable, sea cual sea la magnitud con que se plantee en un momento dado, a partir de la inclinación por el otro, de la tendencia hacia el otro, de la disposición hacia el otro. Vale decir: hacia los otros. Hacia los hombres y mujeres que pugnan (consciente o inconscientemente) por alcanzar su emancipación material y espiritual.


Esta es la motivación de las motivaciones. “Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor.”. Lo escribía el Che. Y otro gran comandante nuestro, Hugo Chávez, lo explicitaba poniéndole un volumen todavía más fuerte a sus palabras, cuando decía, por ejemplo:

“Así deben ser ustedes, cada uno debe tener por dentro un big-bang, una gran explosión de amor, porque es amor lo que se requiere, el amor es el motor fundamental de una verdadera revolución.

Eso decían Chávez y el Che, y eso asumimos cuando preconizamos el “amor en batalla”. Y no es fanatismo, ni ingenuidad lo que nos inspira. Ninguna de las dos cosas. Porque el amor está en la génesis misma de la preocupación política como sustancia fundamental de su composición originaria. O debiera estarlo. 


NI tampoco es algo que tenga que ver necesariamente con una moral de inspiración religiosa, como si las ideas liberadoras se constituyeran a partir de una especie de creencia en algo que nos sobrepasa. Y no, no es así, porque ese amor convertido en la piedra donde afilamos nuestras ideas y acciones, no surge a partir de una motivación sobrenatural sino esencialmente terrenal, de aquí y de ahora, de nuestra condición humana y de sus circunstancias. 


Seguramente es por eso que nuestra visión del mundo, nuestro concepto del poder, nuestro sentido de la verdad, la belleza y la justicia, nuestro planteamiento indeclinable de la igualdad esencial de los seres humanos, no pueden ser erradicados como si fueran hierbas malas. Porque provienen de una razón profundamente nuestra que es la razón amorosa. Que es, sin duda, una construcción argumental levantada en los siglos a partir de las mejores cualidades para la convivencia. Y que es, en verdad, el mejor instrumento para el combate que nos arropa. 

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