Mar de Leva – Cultura y emancipación

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(Por Farruco Sesto)

Si somos de la izquierda superficial y nos sentimos cómodos en ella, nuestra concepción de la cultura podrá adaptarse a múltiples formas, de acuerdo a como sople el viento en nuestro campo de visión. Formas que no se diferenciarán mucho, en todo caso, de las que maneje y despliegue la derecha que se podría auto denominar “civilizada”.

Pero si somos militantes de la izquierda profunda, radical, revolucionaria, o nos identificamos con sus planteamientos, de nuestro pensamiento sobre la cultura se podrán extraer algunos criterios indeclinables. Quiero destacar un par de ellos.

Uno: el convencimiento de que la valoración de la cultura y el concepto de mercancía no se llevan bien.  Lo cual no quiere decir que se obvie el sustrato económico de la cultura y sus naturales conexiones con la producción.  Sino que se acepte que el potencial emancipador del proceso de creación humana y de sus manifestaciones, debe privilegiarse sobre los factores alienantes. 

Dos: saber que la mirada desde la cultura y hacia la cultura ha de tener una cualidad integral, abarcadora e incluyente, capaz de sobrevolar el plano de lo general en el tiempo y el espacio y de identificar, al mismo tiempo, cada detalle, en función siempre de la comprensión de lo humano.

Todo para poder construir, a partir de allí (y esto puede aplicarse muy directamente a la gestión cultural en un gobierno revolucionario) una “otra” visión del mundo,  transformadora, y un “nuevo sentido común” que influya cada día en nuestra vida cotidiana para hacerla, según palabras de Chávez, “humanamente gratificante”.

Identificar en la cultura, como en clave perfecta, la más genuina expresión “de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que queremos y debemos ser”, (también según palabras de Chávez) es sin duda acertar en la diana de lo que nos cohesiona. Y es poner en valor la conocida frase de José Martí, “ser culto es el único modo de ser libre, a partir del conocimiento, tanto de nosotros mismos, como del mundo que constituye el complejo espacio donde nos relacionamos.

Y una cosa más para finalizar con una verdad de Perogrullo: ser de izquierda, y mucho más cuando se asume conscientemente, representa una opción políticamente confrontada a la de ser derecha. Es obvio, claro. Constituye la expresión de una subjetividad contraria en el manejo de los temas económicos y sociales. No hay duda. Pero (y aquí voy con otra verdad no tan evidente) mucho más se acrecienta la contradicción entre ambas posiciones,  a mi juicio, lejos de diluirse,  cuando nos referimos a la concepción de cultura.  Pues aunque unos y otros pudiéramos coincidir, tal vez, en el disfrute de sus manifestaciones, el hecho real es que las comprendemos de muy distinta manera. 

(Apuntes para mi libro “Ser de izquierda a partir de Chávez”)

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