La Cumbre Inaugural de la Internacional Progresista debatió alternativas a los desafíos del presente

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(Por Alicia Castro)

La Cumbre de la Internacional Progresista se lanza en un momento único de la historia de la humanidad, un momento crítico, con una confluencia de crisis de extraordinaria gravedad: crisis económica, social, emergencia medioambiental, crisis de valores. La pandemia ha rasgado el velo sobre dos cosas: el total fracaso del actual sistema económico —comprobamos que la mayor potencia política, militar y económica del mundo, los Estados Unidos de América, no puede curar a sus enfermos ni enterrar a sus muertos—, mientras su Presidente aconseja tomar lavandina. En segundo lugar, la profundidad y la violencia de la desigualdad. La pandemia no crea la desigualdad, pero la muestra con inusual crudeza: lo que antes era injusto —personas durmiendo en la calle, sin agua, sin techo, sin comunicación, sin comida— ahora se volvió letal.

Es necesario y urgente cambiar el estado de las cosas. Es imprescindible debatir a nivel global un repertorio de alternativas, reunir la fuerza para presentarlas y exigir soluciones políticas. La Cumbre generó mucha expectativa, fue vista en directo por YouTube por más de medio millón de personas y está disponible para ser vista. *

Internacional Progresista vs. Internacional Reaccionaria
El lingüista y filósofo estadounidense Noam Chomsky abrió la Cumbre con la primera de las cuatro conferencias centrales, situándonos bajo la amenaza de una guerra nuclear, una catástrofe ecológica, el desmoronamiento de la democracia; este contexto nos alerta sobre la inminencia de la extinción y la urgencia de reunir y organizar fuerzas, oponiendo nuestra Internacional Progresista a una «Internacional Reaccionaria bajo el liderazgo de Trump, quienes lo siguen en Europa —como el gobierno del Reino Unido— y que cuenta con el respaldo de las instituciones económicas mundiales dominantes. Bolsonaro, los dictadores del Golfo y los gobiernos de extrema derecha forman parte de ella; los acuerdos de Israel y los dictadores de los países árabes son una manera de consolidar esa Internacional reaccionaria en Medio Oriente», precisó.

«El creciente descontento con las instituciones políticas ha abierto un espacio para los demagogos que pretenden ser los salvadores». Estas dos Internacionales dividen el mundo, una de ellas del lado de estos Estados y la nuestra del lado de los movimientos populares. Chomsky también se refirió a la ‘agenda de los ricos’. Son el 1% de la población y tienen el gran porcentaje de la riqueza mundial. El libre mercado llevó al monopolio, reduciendo la competencia y la innovación. La perspectiva neoliberal considera que los impuestos son un robo, y esta ideología ha llevado a los poderosos a evadir impuestos, billones de dólares que se escapan de las cajas de los Estados, desfinanciando las políticas sociales. El año pasado, el sector del trabajo pagó más impuestos que todo el sector del capital en Estados Unidos, informó. El sabio de 92 años, al borde del apocalipsis, sentencia: «No es exagerado decir que el futuro de la humanidad depende de la batalla que demos en este momento». Este período del antropoceno —donde las consecuencias de la actividad humana sobre el ecosistema terrestre se han vuelto indelebles y dramáticas— nos llama precisamente a entender la gravedad de este tiempo.

La mesa continuó con exposiciones de la escritora Nanjala Nyabola, el carismático filósofo y actor afroamericano Cornel West (que promovió un internacionalismo radical mezclado con cierto provincialismo, no olvidar que todos tenemos raíces: «No queremos un modern cosmopolitism que se olvide de ellas») y el economista del partido Laborista John McDonell.

La Cumbre estaba planificada para reunirse en Islandia, pero se tuvo que mudar a la plataforma virtual y agregó al encuentro la inesperada intimidad de cada casa de los miembros del Consejo, que nos encontrábamos por primera vez, en distintos lugares en el mundo: frente a la profusa biblioteca de Chomsky, en el estudio y la cocina de Yannis Varoufakis —con la vista del patio donde estaba estacionada la bicicleta y casi se podían oler los pinos de Atenas—, la casa de piedra en Montreal de Naomi Klein, con mantas de pueblos originarios sobre los sillones, el jardín de Gael García Bernal.

El capitalismo no es compatible con la supervivencia
Yannis Varoufakis, ex ministro de economía de Grecia, hizo una amplia introducción histórica que vale la pena resumir y analizar. Nos obliga a actualizar los conceptos de capitalismo y socialismo, que no son los mismos del siglo XX. Varoufakis nos da un dato descomunal: el mundo del dinero y las finanzas está completamente desvinculado del mundo de la producción. Una empresa —Hertz— quiebra, y al mismo tiempo sus acciones suben en la bolsa. Es decir, el capitalismo no precisa más del consumo para sobrevivir.

«Las cosas cambiaron después de 2008, el año en que el sistema financiero occidental se derrumbó. Después de veinticinco años de financiarización, bajo la cobertura ideológica del neoliberalismo, el capitalismo global tuvo un espasmo similar al de 1929, que casi lo puso de rodillas. Hubo en ese momento una explosión de movilizaciones populares. A medida que las causas progresistas fueron apagadas una a una —los movimientos de Indignados en España, los Aganaktismeni en Grecia, Occupy Wall Street y varias fuerzas de izquierda en Latinoamérica—, el descontento de las masas tuvo que encontrar una expresión política. Fuimos testigos del ascenso de la «Internacional Nacionalista». La expresión derechista del Brexit (‘queremos recuperar nuestro país, tomar decisiones propias, más dinero para el Servicio Nacional de Salud’), Donald Trump (‘yo me ocuparé de los que dejaron Wall Street y el establishment liberal’), Bolsonaro, Modi, Le Pen, Salvini, Orban, etcétera». También se refirió a los dirigentes socialistas Bernie Sanders y Jeremy Corbyn, que despertaron grandes esperanzas en el pueblo, pero fueron erosionados por la burocracia de sus propios partidos.

«Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, la confrontación política no fue entre el establishment y una variedad de progresistas, sino entre diferentes sectores del establishment: una parte aparece como los bastiones de la democracia liberal, la otra como los representantes de la democracia no liberal (iliberal democracy)».

Por eso necesitamos una Internacional Progresista, enfatiza. «Porque la falsa oposición entre las dos variantes del Autoritarismo Gemelo —el Establishment Liberal y la Internacional Nacionalista— amenaza a la humanidad con atraparnos en una agenda de «business as usual» que destruye las perspectivas de vida y desperdicia oportunidades para poner fin al cambio climático. Frente a la onerosa tarea de luchar contra los Autoritarismos Gemelos, los progresistas necesitan un plan común, una organización y una voluntad común para concebir el poscapitalismo, juntos».

Varoufakis hace un llamamiento —ha llegado el momento— para que los progresistas tengamos una voz común: propone que emulemos a los banqueros y fascistas que han demostrado, una y otra vez, su notable capacidad de internacionalismo: un banquero en Chile y en Suiza repetirán el mismo relato, asegura, tendrán idénticos fines y las mismas consignas. «Es hora de seguir su ejemplo para unirnos a través de las fronteras detrás de una agenda común, para crear una narrativa común, para poner nuestras capacidades al servicio de la misma agenda a favor de muchos, que despleguemos un plan de conjunto para salvar el planeta».

Brindó ejemplos de posibles acciones de solidaridad planificadas y conjuntas entre trabajadores y usuarios, tales como combinar días de acción sindical contra determinada empresa —por ejemplo, Amazon— que abusa de los trabajadores a nivel local y apuntar a ellos a nivel mundial, planificando «días de inacción del consumidor» a nivel global.

La pandemia ha demostrado que el capitalismo no es compatible con la supervivencia humana; como todos los participantes, Yannis Varoufakis hizo hincapié en la necesidad de un Nuevo Acuerdo Ecológico Mundial, y propuso una Organización para la Cooperación Ambiental de Emergencia que reúna la capacidad intelectual de la comunidad científica internacional. «La generación de energía debe cambiar masivamente de los combustibles fósiles a las renovables, principalmente eólica y solar. El transporte terrestre debe estar electrificado, mientras que el transporte aéreo y el transporte marítimo deben recurrir a nuevos combustibles sin carbono (por ejemplo, hidrógeno). La producción de carne debe disminuir sustancialmente, con mayor énfasis en los cultivos de plantas orgánicas. Los límites estrictos sobre el crecimiento físico —desde las toxinas hasta el cemento— son esenciales».

Tiempo de reparación
En este momento único, son necesarias decisiones colectivas. Frente a una situación inédita, hemos sido capaces de tomar, colectivamente, la decisión de poner en suspenso toda actividad económica y social para cuidar nuestra salud, podemos decidir colectivamente un cambio de prioridades, para transformar el estado de las cosas y cuidar, también, la salud del planeta. Está demostrado que la naturaleza se recupera si nos movemos a otro ritmo.

¿Cómo podemos aprovechar el nuevo ritmo de nuestras vidas para sanar las profundas fisuras de nuestras sociedades?, preguntó Naomi Klein y auguró en su ponencia que no habrá vuelta a la esperada nueva normalidad —»the new normal«— porque lo que vivíamos no tenía nada de «normal» y no podemos volver vivir como antes.

«Estamos en un planeta roto —dijo— y tenemos que detenernos a pensar en la reparación». Esta propuesta de reparación de un planeta en ruinas es un trabajo intergeneracional, un deber cívico, puede abarcar todas las esferas de lo que hoy está roto, en lo económico, en lo político, en lo medioambiental, las relaciones entre las personas y con la naturaleza. Hay que educar sobre el daño, sugiere, «the skill of grieving«.

La famosa activista y escritora canadiense quien muy joven se hizo conocer con el clásico No-Logo, recientemente publicó La doctrina del shock, el auge del capitalismo del desastre, y On Fire, sobre la urgente necesidad de un «Green New Deal» o un Nuevo Acuerdo Medioambiental. Hoy propone mirar al virus Covid-19 no sólo como un enemigo sino como un maestro, que ha mostrado con crudeza lo que sucede a nuestro alrededor y puede darnos lecciones; enseñanzas que no son nuevas, pero ahora se evidencian: la necesidad de cuidar a la naturaleza para que ella nos cuide, las ventajas del aire libre sobre el hacinamiento, el sentido de comunidad. Naomi Klein, que conoció a Evo Morales y se familiarizó con su concepto de respeto por la Madre Tierra —Pachamama— en Bolivia y visitó a Luis D’Elia en los asentamientos de la provincia de Buenos Aires, propone también que tomemos enseñanzas de los pueblos originarios y reparemos a las comunidades que han sido despojadas de sus tierras. Nos invita a hacer esta tarea de reparación con paciencia y con alegría, porque estaremos, al mismo tiempo, «reparándonos a nosotros mismos».

América Latina, recuperar la democracia

América Latina es la región más desigual del planeta, la acumulación es obscena: en medio de la pandemia ha surgido un nuevo mil millonario (mil millones de dólares) cada dos semanas, mientras millones de ciudadanos perderán los niveles de vida que alcanzaron en la última década, personas de clase media serán nuevos pobres y los más pobres caerán en la miseria o en la indigencia. En este momento de auge de la desigualdad se están considerando en todo el mundo propuestas que durante mucho tiempo hemos discutido en la izquierda: el salario básico universal, la reducción de la jornada laboral, la jubilación temprana, una agenda humanista para generar más puestos de trabajo y mejores condiciones de vida.

Es hora de hacer grandes gestos de justicia social y grandes gestos de justicia fiscal.

La pregunta es: ¿quién paga la cuenta de la pandemia? Que paguen más los que más tienen es un imperativo ético. Proponemos establecer un impuesto permanente y progresivo a las grandes fortunas; un impuesto a las actividades financieras (tasa Tobin). Recuperar una idea de tiempos de guerra: impuesto a las ganancias extraordinarias por efecto de la pandemia: sector del comercio virtual, el sector tecnológico, el sector farmacéutico. Establecer un impuesto a la actividad digital, que ya representa el 40 % del PBI regional. Acabar con los paraísos fiscales; brindar paquetes de rescates públicos condicionados, excluyendo a las empresas que despidan trabajadores, que operen en paraísos fiscales, tengan deudas impositivas o repartan beneficios entre sus directivos.

En la conferencia dedicada a América Latina compartimos un diálogo con los candidatos a presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Luis Arce Catacora, el joven candidato a presidente del Ecuador, Andres Arauz, y Gustavo Petro de Colombia. Analizamos la debilidad y los peligros que corre la democracia en nuestra región, donde prolifera el lawfare —la manipulación del sistema judicial— que se ha usado para sacar de carrera a los dirigentes políticos que brindaron beneficios a las grandes mayorías. El laboratorio de los «golpes blandos» fue Brasil, donde después de un golpe parlamentario a Dilma Rousseff se produjo un verdadero secuestro electoral de Lula da Silva, encarcelándolo sin pruebas. Siguió un violento golpe de Estado en Bolivia con la participación activa de la OEA, que fraudulentamente desconoció los resultados electorales, y propició la proscripción de Evo Morales y el MAS. Esperamos que las postergadas elecciones se realicen finalmente en Bolivia el 18 de octubre. En Ecuador se condenó en un juicio amañado al ex Presidente Rafael Correa, a quien también se prohíbe participar de la contienda electoral del próximo año. Los medios de comunicación comerciales juegan un papel importante en esta degradación de nuestra democracia y demonización de los líderes populares y, por otra parte, las redes sociales, con la manipulación de nuestros datos al servicio de las campañas presidenciales y sus ejércitos de trolls y bots al servicio de las corporaciones, están fabricando mentiras —fake news— y creando condiciones de inestabilidad creciente.

En la década pasada logramos la extraordinaria forja de la unidad del bloque regional de América Latina y el Caribe, el sueño de la Patria Grande de nuestros libertadores, que concebían el bienestar de nuestros pueblos basados en dos logros correlativos: la independencia y la unidad. El Mercosur ampliado, la UNASUR, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). LA UNASUR tuvo una institucionalidad supranacional densa y virtuosa, por ejemplo, un órgano de Observación Electoral y un Consejo de Seguridad que logró, oportunamente, evitar un golpe policial en Ecuador y un golpe secesionista en Bolivia. Juntos logramos, en 2005 en la histórica Cumbre de Mar del Plata, rechazar el ALCA, el acuerdo de libre Comercio de las Américas. Ese momento, nuestra America dio lecciones al mundo de un modelo alternativo. Y luego vino la revancha. Los gobiernos de derecha, Macri, Temer, Bolsonaro, Lenin Moreno, fueron verdaderos agentes de la desintegración regional, al servicio de los intereses de los Estados Unidos. Es imprescindible abocarnos a la tarea de reconstrucción de este bloque, que pueda garantizarnos soberanía política, independencia económica y aportar a la construcción de un mundo multipolar de Naciones iguales y soberanas y de personas iguales con derecho a la felicidad.

Lucho Arce mostró su energía para recuperar la democracia en Bolivia, luego del golpe de Estado de la derecha local con intereses trasnacionales. Todos los países de América Latina tenemos que cerrar filas —propuso—, defender nuestros recursos naturales es defender nuestra democracia. Sostuvo que el MAS es el único movimiento que garantiza que los recursos naturales no vayan a parar a manos de las empresas transnacionales y el imperio, así como en brindar estabilidad económica, política y social. Bolivia ha mejorado en la redistribución del ingreso como pocos países en la región, recordó el ex ministro de Economia y Finanzas del gobierno de Evo Morales. Esto tiene consecuencias, por ejemplo, en el cambio en la esperanza de vida, que fue rotundo. En 2005 era de 63 años, y para 2019, de 73 años. Esto la población no lo olvida. «Se demostró que los pobres sabemos gobernar. Esto es lo que la derecha oligárquica nunca nos va a perdonar».

Andres Arauz, el joven candidato a presidente del Ecuador, sostuvo que «cuando hay verdadera democracia, siempre vence el pueblo. Las trampas son justamente para evitar esto. Nos quieren robar la democracia en Ecuador a través de amenazas directas. Sólo con más democracia vamos a poder recuperar el futuro y volver a dar oportunidades a las mayorías».

La variable que hay que tener en cuenta para resguardar a la democracia es el acceso a la información. Una política del ‘buen conocer’ —aseguró el ex ministro de Conocimiento y Talento Humano— es lo que hay que fortalecer frente a los medios de comunicación hegemónicos, que impiden al ciudadano el acceso a la verdad. Esto es absolutamente crucial. «Educación, ciencia, cultura, tecnologías de la información, son todas variables a tener en cuenta en una nueva política de comunicación para una democracia más real y más sustancial.» También hay que descolonizar a la democracia —sostuvo—, saber reconocer al otro en la unidad, pero en la plurinacionalidad. «Esto nos acercará a la utopía del buen vivir. Que será plena con igualdad económica». El control de la economía por parte de unos pocos y la fuga de capitales es parte del problema. Mientras la democracia no brinde oportunidades para todos, el apoyo de la democracia seguirá decayendo. «Esto es aprovechado por el nuevo Plan Cóndor 2.0: se somete a la democracia a través de nuevos mecanismos, como el lawfare o judicialización de la política.»

Gustavo Petro denunció la violencia en Colombia y sostuvo que «frente a la internacionalización de la extrema derecha y el cambio climático, se vuelve clave la coordinación de organizaciones sociales para conectar lo global con lo local, y así hacer frente al principal problema de la humanidad: el cambio climático es un grito de alarma». El Covid-19 es una muestra de cómo el capital se expande sobre la naturaleza, lo que hace de este tiempo una experiencia civilizatoria del posible fin de la humanidad, por primera vez en la historia. Hay que cambiar la lógica del capital mismo para repensar la relación de los seres humanos con la producción y con la naturaleza. «Por eso la política de la vida frente a la política de la muerte no tiene eficacia si no es global y local al mismo tiempo, que es lo que le da sentido a la Internacional Progresista», concluyó.

Finalmente invitamos a todos y todas los y las integrantes de la Internacional Progresista a celebrar la próxima Cumbre Mundial en la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. En Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, puerta de entrada a la Antártida. Esta cita, extendida por el gobernador de la provincia, Gustavo Melella, tiene relación con dos temas centrales de agenda de la IP: la cuestión medioambiental, la preocupación por el derretimiento de los hielos, la necesidad de explorar nuevos recursos naturales en el mar y el anticolonialismo, ya que en nuestras islas Malvinas tenemos un enclave colonial del siglo XIX.

Este Congreso del Fin del Mundo será la oportunidad para dar vuelta el mapa, para afirmar que nuestro Norte es el Sur y para colocar arriba las prioridades y necesidades de quienes hoy están abajo.

Gramsci decía que a toda revolución precede una gran conversación. Creemos y esperamos que esta Cumbre de la Internacional Progresista sea esa gran conversación.

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