América del Sur, histórica disputa entre la industrialización y la primarización

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Por Clara Sánchez.

El acuerdo comercial entre el MERCOSUR y la Unión Europea

Después de varios años de “negociación” entre MERCOSUR y la Unión Europea (UE), para el establecimiento de un acuerdo comercial, sin avances desde el año 2000; es hasta el 2016 que con la asunción a la presidencia en Argentina de Mauricio Macri se retoman las conversaciones; y luego que Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay desde 2017, anunciaran la suspensión de Venezuela, en un ir y venir de diferentes justificaciones, desde el no cumplimiento de los Tratados, Protocolos y Acuerdos dentro de la organización[1], impidiéndole al país sudamericano asumir la presidencia Pro tempore en 2016, hasta la declaración por la supuesta “ruptura del orden democrático”[2] en el quinto Estado Parte, en relación a la convocatoria y posterior realización de elecciones constitucionales de la Asamblea Nacional Constituyente; quedando así el camino libre para emprender las nuevas conversaciones que permitieran cerrar de una vez por todas el ansiado acuerdo, cuyo retraso estuvo enmarcado en la búsqueda de garantías “equitativas” para las economías de ambas partes.

Lo cierto es que una vez anunciado el mismo, las repercusiones a favor y en contra, no se hicieron esperar, desde La Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur, y otros representantes que alertan sobre “el fin de la industria nacional” en los países integrantes del Mercosur; hasta Presidentes de la naciones, saludando el principio del acuerdo comercial.

EL CENTRO DE LA DISPUTA

Tomando en consideración, estos tiempos de guerra comercial entre EEUU y China, y las sanciones permanentes a otros países por parte de la primera potencia mundial, incluida Rusia; cualquier acuerdo que se firme en estas circunstancias, debe dársele una mirada más profunda sobre todo si es hacia la América del Sur, puesto que en la última década se había “convertido en una región geopolíticamente independiente” y en cierta forma dejando de ser “el satélite geoestratégico de los Estados Unidos que fue durante la guerra fría”; para convertirse en una región importante desde la geopolítica, y sobre la cual se inició en el nuevo siglo, la competencia entre los Estados Unidos, Europa, China y Japón por la riqueza de sus recursos minerales, madera, agrícolas y la búsqueda de sus mercados; asociado al surgimiento de Brasil como potencia regional dominante que podía convertirse a su vez, en potencia mundial, fortaleciendo aún más a la región[3].

En una mirada al pasado colonial, en el siglo XV, fue este continente el escenario de la disputa por el poder mundial entre España e Inglaterra, en la cual esta última termina imponiéndose al convertirse en el primer “Estado Nación Industrial”[4], y lo que conocemos como el “epicentro” de la Revolución Industrial, con su “objetivo estratégico” de imponer con su idea económica “a nivel mundial, los principios del libre comercio, a fin de que otros Estados no alcanzasen el umbral del poder” o sea, la industrialización, coincidente con el “período cuando la América española emprende su lucha por la independencia”, dividiéndose “entre aquellos que conciben que el proceso independentista debe terminar en la unidad política de la América hispánica y aquellos que, desde las ciudades-puertos, aliados a Inglaterra, piensan que lo más conveniente a sus intereses es que (…) se conformen, alrededor de las polis oligárquicas, una multiplicidad de Estados hispánicos”; que con la desintegración de la Gran Colombia, como hecho preponderante del período independentista, (…)  “se sella el proyecto inglés de fragmentación”; distinto a la América Lusitana que logra mediante la monarquía y el ejército, contener las fuerzas fragmentadoras del territorio, sin embargo, ambas finalmente con un mismo destino cuando se incorporan a la economía internacional, todas las repúblicas se convierten en “proveedor(as) de materias primas e importadoras de productos manufacturados o industriales, sin realizar ningún esfuerzo industrializador y perdiendo, de este modo, el tren de la historia por más de un siglo”[5].

Más adelante, con el concepto de Hemisferio Unificado del Panamericanismo, como visión de la Doctrina Monroe de EEUU, para sostener a la región fuera de los límites de la influencia europea, en una política diseñada para evitar la intervención o el control en las repúblicas latinoamericanas recientemente establecidas que se habían revelado de España, y considerándolas su “patio trasero”, América del Sur pasa a convertirse en su reserva estratégica[6], y bajo los mismos principios de libre comercio, destinada a seguir siendo, proveedora de materias primas para los países industrializados.

El ACUERDO COMERCIAL

En este sentido, en pleno siglo XXI, y con el acuerdo comercial firmado entre el Mercosur y la Unión Europea, vuelve sobre la mesa el fantasma en América del Sur, entre la protección y fortalecimiento de la industria nacional y el retroceso o afianzamiento de la primarización de la producción. Tomando en consideración que el PBI de la UE quintuplica al Mercosur, que el 68 % de los productos importados por parte del Mercosur de la UE corresponden a manufacturas, y el 63 % de los exportados hacia este destino a productos agrícolas. Por lo que se presume que el objetivo de este acuerdo puede ser afianzar este esquema, en desmedro de los industriales nacionales.

Según Mercosur, el acuerdo alcanzado asegura los principales objetivos trazados por los Estados Partes, mejorando las condiciones de acceso en bienes y servicios para las exportaciones, permitiendo un tiempo de transición para la apertura comercial de los bienes y servicios europeos y preserva herramientas de desarrollo industrial en campos como propiedad intelectual, compras públicas y defensa comercial[7], garantizando la eliminación de impuestos a la exportación en los países partes. Entre las exportaciones resaltan los productos agrícolas básicos, carne vacuna, de cerdo y aves de corral, azúcar, arroz, huevos y miel.

Por su parte, la Unión Europea, informa que este acuerdo “dará una importante ventaja en un mercado con un enorme potencial económico”, mediante reformas económicas y modernizaciones en los países del Mercosur, quienes han decidido abrir sus mercados a la UE, los cuales habían estado relativamente cerrados hasta ahora.  En este mismo sentido, se elimina la mayoría de los aranceles sobre las exportaciones de UE al Mercosur, haciendo a sus empresas más competitivas, con el ahorro de 4.000 millones de euros en impuestos al año, en dos ejes fundamentales del acuerdo: industrial y agroalimentario[8].

En el sector industrial ayudará a impulsar las exportaciones de productos que entraban con aranceles altos o prohibitivos, entre los que destacan los automóviles, partes de autos, maquinarias, productos químicos, farmacéuticos, ropa, calzado y tejidos[9].

Desde este espacio, destacamos el alto enfoque en los productos agroalimentarios; en la cual la UE también da a conocer que se beneficiará de la reducción de aranceles elevados del Mercosur, en chocolates y confitería, vinos, licores y refrescos; proporcionando acceso libre de impuestos, sujeto a cuotas para productos lácteos, especialmente quesos. Por otra parte, Mercosur debe garantizar legalmente que protegerá contra la imitación 357 productos europeos de alta calidad de alimentos y bebidas reconocidas como indicadores geográficos (IG) entre los que sobresalen Tiroler Speck (jamón austriaco), Fromage de Herve (queso de Bélgica), Münchner Bier (Cerveza de Munich), Comte (queso francés), Prosciutto di Parma (jamón crudo italiano), Polska Wodka (Polonia), Queijo S Jorge (queso portugués), Tokaji (vinos Hungaros) o Jabuco (jamón crudo español)[10].

Esto es, que el Mercosur, brindará la protección de los distintivos productos que la UE considera, respaldando la posición en el mercado y aumentando sus oportunidades de exportación; dejando claro que para que el acuerdo sea beneficioso a la UE, sólo se abrirán a los productos agrícolas de Mercosur con cuotas cuidadosamente administradas que garantizará evitar el riesgo de que ningún producto de América del Sur, inunde el mercado de la UE y por lo tanto, amenace el sustento de los agricultores[11]. En cuanto a, las normas, resalta que mantendrá sin cambios, todas las regulaciones a las importaciones, debiendo cumplir cada país del Mercosur con sus rigurosas normas y estándares dispuestos en seguridad alimentaria, sanidad animal y vegetal.

Entre otros, además se podrán firmar contratos gubernamentales y brindar servicios a proveedores en sectores como tecnología de la información, telecomunicaciones y transporte. Resaltan que se mantendrán en el Acuerdo de París, impulsarán el desarrollo sostenible, el respeto por los derechos laborales, conducta empresarial responsable y abordar los derechos de las comunidades indígenas; y no menos importante, que el Mercosur apoyará como socios de la región la posición de la UE en temas globales.

Según, reportes de algunos economistas no son muy alentadoras las predicciones sobre el acuerdo actual, en referencia a otros países que en el pasado han firmado similares Tratados de Libre Comercio con la EU, tomando como referencia a Chile que desde el 2005 y hasta el 2018 se habría desplomado en -6.696 millones de dólares su balanza comercial con respecto a la UE, disminuyéndose sus exportaciones en 13 % y aumentando las importaciones en 107 % desde ese destino; sin embargo no es el único caso, para México (desde 2000 – 2018) su variación de balanza comercial es de -17.979 millones de dólares; -13.387 millones de dólares para Argelia; -10.481 millones de dólares para Egipto;  -5.826 millones de dólares para Marruecos, entre otros[12].

Planteamientos finales

En fin, apenas firmado el Acuerdo Comercial, vuelve sobre la América del Sur, la de No al ALCA, y también de la Alianza del Pacífico, en medio de la estocada al proceso de integración iniciado con el nuevo siglo, la apertura al libre mercado; que debe pasar por las aprobaciones en los diferentes congresos nacionales, para la adhesión definitiva de cada país; pero deja al descubierto nuevamente los planteamientos históricos, divididos entre, los que abrazan el papel asignado de naciones productoras de materias primas para los países industrializados, o industrializarse; el subdesarrollo o el desarrollo y; la dependencia o independencia definitiva de la región.


[1] Venezuela al momento justificaba que había incorporado en el proceso normativo el 92 % de ellas, quedando pendiente sólo un 8 % de normas, de acuerdo los principios de graduabilidad, flexibilidad y equilibrio, en un proceso de integración basado en la complementariedad, la solidaridad y la cooperación, según el protocolo de adhesión.

[2] (MERCOSUR, 2017) Suspensión de Venezuela en el MERCOSUR. Recuperado el 28 de 06 de 2019, de https://www.mercosur.int/suspension-de-venezuela-en-el-mercosur/

[3] (Cohen, 2009) Geopolitics: The Geography of International Relations. Rowman & Littlefield Publishing Group, Inc.

[4] (Gullo, 2014) La insubordinación fundante (3ª ed.). Buenos Aires: Biblos.

[5] (Gullo, 2014) of ibid P 81

[6] (Cohen, 2009) Op cit.

[7] (MERCOSUR, 2019) Recuperado el 28 de 06 de 2019, de Acuerdo histórico Mercosur – UNión Europea: https://www.mercosur.int/todos-los-datos-sobre-el-historico-acuerdo-mercosur-ue/

[8] (Eurupean Commission, 2019) EU and Mercosur reach agreement on trade. Recuperado el 28 de 06 de 2019, de https://www.google.com/url?q=https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/en/ip_19_3396&source=gmail&ust=1561850640656000&usg=AFQjCNG9zmRHLzlgzPfoDXURlRUitE8paw

[9] (Eurupean Commission, 2019) Op cit.

[10] (Eurupean Commission, 2019) Op cit.

[11] Phil Hogan, Comisionado de agricultura y desarrollo rural de la UE. EU and Mercosur reach agreement on trade. https://www.google.com/url?q=https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/en/ip_19_3396&source=gmail&ust=1561850640656000&usg=AFQjCNG9zmRHLzlgzPfoDXURlRUitE8paw

[12] Presentado por el economista y periodista argentino Julián Guarino, tomado de COMTRADE.

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